BATALLANDO LA INCREDULIDAD DE LA IMPACIENCIA


En el Lugar de Dios, al Paso de Dios

La impaciencia es una forma de incredulidad. Es lo que comenzamos a sentir cuando dudamos la sabiduría del momento oportuno o la benevolencia de la enseñanza de Dios. Brota en nuestros corazones cuando el camino al éxito se enloda o está esparcido con rocas o un tronco caído que nos impide el paso. La batalla con la impaciencia puede ser una escaramuza sobre una larga espera en línea en la caja de una tienda. O puede ser una gran batalla sobre una incapacidad o enfermedad o circunstancia que derriba la mitad de sus sueños.
Lo opuesto a la impaciencia no es una negativa superficial y labiosa de frustración. Lo opuesto de la impaciencia es una disposición profunda, madura y tranquila a ya sea esperar a Dios donde tú estás en el lugar de obedecerle, o de perseverar al ritmo que El permite en el camino a la obediencia – esperar en su lugar o llevar su ritmo.

La Batalla Contra la Incredulidad.

Cuando la manera en que tú planeaste tu día, o la manera en que planeaste vivir tu vida son cortada o retrasada, la incredulidad de la impaciencia te tienta en dos direcciónes diferentes, en parte dependiendo de su personalidad y parte en las circunstancias.
  1. Por una parte, te tienta a darte por vencido, a dejarte por un lado. Si habrá frustración, oposición y dificultad, entonces lo olvidaré. No me quedaré en este trabajo, o tomaré este reto, criar a esta criatura o permanecer en este matrimonio, o vivir esta vida. Esa es una manera en que la incredulidad de la impaciencia to tienta. Date por vencido.
  2. Por otra parte, la impaciencia te tienta a tomar medidas impulsivas y contraatacantes contra los obstáculos en tu camino. Te tienta a ser impetuoso o precipitado o impulsivo o imprudente. Si no le da la vuelta a tu carro y ir a tu casa, te precipitas a un desvío de ruta mal aconsejado para tratar de ganarle al sistema.
Cualquier manera que tienes para batallar la impaciencia, el punto central de hoy es que es una batalla contra la incredulidad y por tanto no solo es cuestión de personalidad. Es la cuestión de si tú vives por fe y si heredas las promesas de vida eterna. Escucha estos versículos para percibir que tan vital es esta batalla:
  • Lucas 21:19—“Con vuestra perseverancia [paciencia] ganaréis vuestras almas”.
  • Romanos 2:7—“a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: Dios dará vida eterna.”
  • Hebreos 6:12—“Que no seáis indolentes, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.”
La paciencia en hacer la voluntad de Dios no es una virtud opcional en la vida cristiana. Y la razón no es porque la fe no es una virtud opcional. La paciencia en hacer el bien es el fruto de la fe. Y la impaciencia es el fruto de la incredulidad. Y bien la batalla contra la impaciencia es la batalla contra la incredulidad. Y el arma principal es la Palabra de Dios, especialmente sus promesas
Espero en el Señor; en El espera mi alma, y en su palabra tengo mi esperanza. Salmo 130:5.
“Esperando en el Señor” es una manera de describir lo opuesto de la impaciencia en el Antiguo Testamento. Esperando en el Señor es lo opuesto de correr adelante del Señor y es lo opuesto de abandonar al Señor. Es quedarse en el lugar indicado mientras El dice que se quede, o es ir al paso que El marca cuando le dice que proceda. No es impetuoso y no es inconsolable.
Ahora, ¿Cómo sostiene su paciencia el salmista mientras espera en el Señor que le demuestre el siguiente paso? El versículo 5 dice: “Espero en el SEÑOR; en El espera mi alma, y EN SU PALABRA TENGO MI ESPERANZA.” La fuerza que lo sostiene en paciencia es la esperanza, y la fuente de la esperanza es la Palabra de Dios. “¡En su palabra tengo mi esperanza!” Y la esperanza es la fe en el tiempo futuro. Hebreos dice, “La fe es la certeza de lo que se espera.”
Así que lo que tenemos en el Salmo 130:5 es una ilustración clara que la manera de batallar la impaciencia es de fortalecer su esperanza (o fe) en Dios, y la manera de fortalecer su esperanza en Dios es escuchar su Palabra, especialmente sus promesas.
Si tú estás tentado a no esperar a Dios apaciblemente, a permitirle a El que te diga tu paso siguiente—si tú estás tentado a abandonarlo o a proceder sin El—por favor entienda que éste es un momento para gran batalla espiritual. Toma la espada del Espíritu que es la palabra de Dios (Efesios 6:17), y empuñe la maravillosa promesa contra el enemigo que es la impaciencia.