En Mi Bella Dama, versión musicalizada de la comedia  Pigmalión de George Bernard Shaw, el profesor
Henry Hoggins plantea la pregunta: «¿Por qué no puede la mujer parecerse más al hombre?»  Eso más o
menos resume el sentir de ambos sexos. Los hombres consideran que las mujeres debieran reaccionar
como ellos; y a las mujeres les gustaría que los hombres pensaran y respondieran como ellas.
Naturalmente que eso no ocurrirá nunca; pero como siempre, Dios tiene una solución.
Lo primero que hay que entender es que Dios hizo al  hombre y a la mujer tal como son, y con muy
buenos motivos. Un mundo en el que todos pensaran y actuaran de la misma manera sería aburrido y
desequilibrado. Además, estaría condenado a la extinción.  Esas diferencias hacen de nosotros personas
más completas: no nos cuesta mucho entender a los de nuestro mismo sexo; en cambio, relacionarnos
con los del sexo opuesto es un ejercicio de humildad, amor y paciencia, por nombrar algunas virtudes.
Total que debiéramos ser más comprensivos con las particularidades de cada sexo.
Detallamos a continuación algunas de las diferencias más marcadas. Si bien se trata de generalizaciones
que naturalmente no se aplican a todos, invitan a la reflexión:
o Con frecuencia los hombres son más prácticos; las mujeres, en cambio, más emocionales.
o El hombre necesita más tiempo a solas; a la mujer le hace falta expresar sus sentimientos a los
demás.
o Los hombres prefieren obsequios que tengan usos prácticos; las mujeres, los regalos románticos y
sentimentales que que las hagan sentirse amadas.
o Al hombre le gusta tomar decisiones basadas en las circunstancias y en consideraciones prácticas;
la mujer tiende a pensar más en las repercusiones emocionales.
o Cuando hay un conflicto matrimonial, el hombre se inclina más hacia la búsqueda de una solución.
La mujer, en cambio, desea primero sentirse comprendida y que su marido le reafirme que la
quiere.
o El hombre espera que le tengan confianza y respeto y que lo acepten como es; la mujer desea que
le dirijan palabras de amor y ternura.
o A los hombres les gusta ir al grano; las mujeres prefieren debatir las cosas desde todos los
ángulos.
Lógicamente, no todos los hombres ni todas las mujeres presentan esas características. Dios ha hecho a
cada uno distinto y único. El que muchos hombres y mujeres se comporten de cierta manera no significa
que los demás sean anormales. Cada cual es como es. Con esta explicación no pretendemos encasillar a
nadie ni inspirar prejuicios, sino darles una idea de lo que podría estar preocupando al uno y al otro, para
que se muestren más tolerantes y comprensivos cuando surjan diferencias. Ante todo recordemos… que el
amor, la humildad y la oración resuelven todos los problemas.