
El perdón es un regalo para la persona que lo otorga no para quien cometió la ofensa. Perdonarse a uno mismo y a los demás es un camino hacia la felicidad.
La sociedad en la que vivimos nos ha llevado a tener muchas ideas sobre lo que es el perdón y todo lo que conlleva esta acción. Pero sin duda, es algo que nuestra alma necesita para estar en paz, libres de culpa y resentimientos.
¿Qué es perdonar?
Perdonar no significa negar lo que paso, olvidar las cosas dolorosas, no es volver a tener lo de antes, no es responsabilidad de Dios, no es algo que le concedo al otro desde mi superioridad aunque no lo merezca, no es aprobar lo que paso o darle la razón al otro; perdonar significa, ver de otra manera, olvidar el dolor y eventualmente olvidar lo que pasó, elegir entre tener la razón y ser feliz, prender la luz en mi mente, una decisión, un regalo para mí, es estar dispuesto a tener paz, liberarme de la carga del resentimiento, soltar el pasado.
Perdonar no necesariamente implica una reconciliación con el otro, perdonar es la oportunidad que tenemos de elegir que las cosas malas que ocurrieron en nuestro pasado no arruinarán nuestro presente.
Perdonarnos a nosotros mismos
En la religión, cuando cometemos un agravio se dice que hemos pecado, pero ésta palabra muchas veces nos lleva a sentirnos culpables y merecedores de un castigo; por consiguiente, se nos dificulta un poco más la tarea de perdonarnos a nosotros mismos. En cambio sí percibimos nuestras faltas como si fueran errores, nuestra autopercepción cambiaría y nos observaríamos como responsables de nuestros actos y no como culpables. De tal forma que podríamos corregir dicho error y sobre todo aprender de la experiencia.
En una sociedad condicionante hay ocasiones donde nos vemos envueltos en situaciones en las que tenemos que comportarnos de tal o cual forma para ser aceptados, y si no cumplimos las expectativas de otros, nos sentimos culpables por haberles fallado o no haber hecho lo que ellos esperaban de nosotros. Asimismo, en las diferentes circunstancias a las que nos enfrentamos tendemos a jugar el papel de culpables o víctimas; y los sentimientos que experimentamos en estos dos extremos nos confunden y nos hacen presa de ellos, donde muchas veces nos aferramos a ese estado que nos impide sanar y salir adelante.
La importancia del perdón.
Al perdonar a otra persona o a mí mismo me estoy haciendo un bien, me estoy liberando del pasado para poder tener mi alma tranquila; de esta manera podré abrirme a la vida y a los demás sin miedo a volver a ser lastimado, aprender de mis errores para crecer como persona y alcanzar la felicidad.
En cambio si no perdono estaré consumiendo un veneno que sólo me traerá enfermedad, tristeza, enojo, porque la herida permanecerá abierta hasta el momento en que yo decida cerrarla al otorgar el perdón. Ya que el perdón sólo es un regalo para mí y es una decisión que yo mismo tomo.
Cuándo perdonar?
No se tiene que perdonar instantáneamente, el perdón es un proceso por el que pasamos todas las personas, en el cual vamos a ir experimentando una serie de sentimientos negativos que poco a poco iremos soltando en la medida en que vallamos comprendiéndolos.
Hay que tener presente que como seres humanos los sentimientos son parte de nosotros y no tenemos porqué sentir culpa si llegamos a sentir ira, rabia, rencor, resentimiento por quien nos ofendió, y tal vez lleguen a ti pensamientos de venganza y de malos deseos para la otra persona; pero éstos son sólo parte de nuestro camino hacia el perdón y tenemos tanto la libertad como el derecho de sentirnos de esa manera.
Solamente perdonando podemos encontrar el camino a la liberación para crecer en el amor, dejando atrás todos esos sentimientos que envenenan el alma. Cualquier cosa se puede perdonar, porque al hacerlo es cuando se manifiesta la expresión más sublime de amor y la grandeza del ser humano.